Prueba práctica para manicurista o peluquera: cómo hacerla sin que parezca un examen

por Jimena Montalbán, Hugo Te Ayuda6 min de lectura

Puedes preguntar lo que quieras en una entrevista; las manos no saben mentir. Por eso la prueba práctica es la parte más valiosa de una selección en belleza. Y también la que peor se suele hacer: demasiado larga, sin criterio claro, con la candidata temblando y la dueña mirando el reloj. Así se pierde a gente buena por nervios y se cuela gente floja por simpatía.

Decide qué quieres ver antes de citar a nadie

Una prueba no es «que me haga lo que sepa». Es una comprobación de tres o cuatro cosas concretas que necesitas en ese puesto. Para una manicurista puede ser: preparación de la uña, aplicación del semipermanente sin invadir cutícula, limpieza del puesto y trato con la clienta durante el servicio. Para una peluquera: diagnóstico del cabello, técnica en un servicio habitual de tu salón y cómo explica lo que está haciendo. Escríbelas. Son tu lista de la compra, y solo vas a mirar eso.

Corta, real y con el material de tu salón

Entre cuarenta y sesenta minutos es suficiente para casi cualquier puesto técnico. Que sea un servicio que se hace en tu salón todos los días, no una exhibición. Y que use tus productos y tus herramientas: parte de lo que quieres ver es cómo se adapta a lo que hay, no a lo que trae en su bolso.

Sobre quién se hace la prueba

Lo mejor: una modelo de confianza (una amiga, una clienta habitual avisada, alguien del equipo). Lo peor: una clienta real de pago sin avisarle. Y algo importante: la candidata no paga la modelo ni trae la suya obligatoriamente. Si le pides que venga con modelo, muchas buenas dirán que no por pura logística.

Avisa de todo antes

Qué servicio va a hacer, cuánto tiempo tiene, qué vas a mirar, con qué productos trabajáis. Cuanta menos sorpresa, menos nervios, y los nervios no miden nada útil. La que necesita saber a qué viene para rendir bien no es peor profesional; es una profesional normal.

Durante la prueba: mira, no corrijas

Tu trabajo es observar tu lista de tres o cuatro puntos. Si intervienes a cada rato, la prueba deja de ser suya. Fíjate también en lo que no está en la lista técnica pero se ve igual: cómo habla a la modelo, si pregunta cuando duda, cómo deja el puesto al terminar. Eso es lo que verán tus clientas cada día.

Puntúa cada punto, no la sensación general

Cuando termine, antes de hablar con nadie, puntúa cada uno de tus tres o cuatro criterios por separado (del 0 al 10, por ejemplo). Es el antídoto contra el «me cayó genial»: puedes tener un 9 en simpatía y un 4 en técnica, y verlo escrito te obliga a decidir con la cabeza. Si haces pruebas a varias personas, con este sistema puedes compararlas de verdad.

Y después, di algo

Aunque no la elijas, dile en qué estuvo bien. Es un gesto de dos minutos que las profesionales recuerdan, comentan entre ellas y que hace que la próxima vez que publiques, las buenas quieran ir a tu salón.

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